18 de julio de 2010

La candidatura presidencial

Antonio Gershenson

El anuncio de que Andrés Manuel López Obrador será precandidato a la Presidencia, previa su candidatura de la izquierda, ha causado revuelo. Y no es para menos.

Ya mencionábamos, en este mismo espacio, el 9 de mayo, que este precandidato, en mi opinión el único, ya había ganado la vez pasada. Ahora recordamos un elemento. Hubo, avanzado el día de las elecciones, llamadas por teléfono que incluso fueron grabadas, que recibieron gobernadores priístas con la noticia de que el PRI (Madrazo) ya había quedado fuera y que si le pasaban al candidato panista sus votos, tendrían este o el otro premios en obras y demás.

El hecho es que hubo, entre los votos por el PAN para la Presidencia, y los emitidos para otros puestos, una diferencia del orden de un millón de votos, evidentemente falsos. En la presidencial, el PAN obtuvo 14 millones de votos, y en las otras urnas, 13 millones. Y la diferencia oficial entre los votos de este candidato beneficiado y los de López Obrador era del orden de 300 mil. Esto muestra que este último ganó, y por amplio margen, a pesar de la guerra sucia y demás. Esto no es lo único: hay numerosos trabajos, películas, etcétera, mostrando el fraude.

Tal vez esto ayude a explicar el revuelo. El de muchos ciudadanos que expresaron su apoyo inmediato en diferentes formas, y que muestran que el apoyo que tuvo en la elección de 2006 no fue el de un pasado remoto. Pero también el revuelo de sectores privilegiados y con poder. Y el de diversos tipos de opositores al cambio, o partidarios de un cambio muy diferente.

Otro elemento que explica la magnitud de la reacción al anuncio es la situación critica que se vive en el país. El desempleo ha seguido creciendo, y los golpes al sindicalismo siguen. Si se logra imponer una legislación laboral propia de una dictadura, los afectados serán todos los sindicatos y todos los trabajadores.

La limitada y parcial recuperación, además de su poca duración, se limita a un sector exportador, pero el empleo sólo se refleja en los discursos del llamado secretario del Trabajo, que por lo visto concursa para la olimpiada de la mentira.

El sector de la energía, que debería ser un impulso a la recuperación de la economía, está cada vez más aplastado por la entrega a empresas privadas, la corrupción y los altos salarios de numerosos funcionarios.

Mientras que otros países, incluso vecinos, ven cómo adaptarse a los previsibles cambios derivados del derrame de petróleo y gas en aguas profundas del Golfo de México, aquí todo sigue igual, las trasnacionales contratadas siguen perforando en aguas profundas del mismo Golfo y se sigue destinando un dineral a ello, a costa de zonas que sí son productivas, que producen crudos ligeros y con alto porcentaje de gas asociado.

Compañías mineras, a menudo extranjeras, con apoyo de autoridades, han seguido arrasando con el suelo nacional, acabando con tierras agrícolas, ganaderas o bosques, y afectando áreas comunales. Todo esto es en aras de explotar, a tajo abierto, oro, plata o cobre, principalmente.

El combustible diesel cada vez más encarecido afecta gravemente a transportistas, productores agrícolas y pesqueros, y a los usuarios de sus productos o servicios. En general, los energéticos caros –y el gas natural apenas inicia su nuevo ascenso de precio– han causado quiebras y problemas serios. Unidades habitacionales también han sido afectadas por estos aumentos.

Cada uno de estos y otros problemas ha dado lugar a protestas y movilizaciones. Y todo esto da paso a un ambiente en el cual está cada día más claro que el régimen vigente ya dio de sí. No sólo la crisis lo puso más en evidencia, sino la incapacidad para resolver los problemas. Ya nadie les cree. Han sustituido las soluciones con discursos, al punto que éstos ya ni siquiera les permiten ganar tiempo.

En medio de esta serie de problemas, se presenta la nueva crisis de gabinete, mostrando poca estabilidad y confiabilidad en el gobierno federal.

Gobernadores y otras autoridades del PRI también han mostrado que no tienen soluciones reales a los problemas. Al contrario, buscan sacar el mayor provecho posible de su puesto.

En medio de todo este cuadro, va quedando más y más claro por qué el anuncio del que hablamos ha tenido tanto efecto tan pronto.

Leyes laborales
Hernández