3 de octubre de 2008

EN HOMENAJE A LOS CAIDOS EN LA MATANZA DE TLATELOLCO:

2 de octubre: NO SE OLVIDA!!

JOVENES A TOMAR LA ESTAFETA

E INTEGRARSE A LA LUCHA!!

■ Decenas de miles marchan al Zócalo para conmemorar la masacre

Castigo a los responsables del 2 de octubre, clamor popular

■ La represión en Tlatelolco, crimen de Estado, afirma el Comité 68

Gustavo Castillo, Mariana Norandi y Emir Olivares

Ampliar la imagen Integrantes del Comité Nacional de Huelga durante el movimiento estudiantil de 1968, marcharon ayer al conmemorarse 40 años de la masacre en la Plaza de las Tres Culturas de Tlatelolco Integrantes del Comité Nacional de Huelga durante el movimiento estudiantil de 1968, marcharon ayer al conmemorarse 40 años de la masacre en la Plaza de las Tres Culturas de Tlatelolco Foto: José Carlo González

Ampliar la imagen Sobre Paseo de la Reforma, la marcha conmemorativa de la masacre del 2 de octubre se desarrolló en forma pacífica Sobre Paseo de la Reforma, la marcha conmemorativa de la masacre del 2 de octubre se desarrolló en forma pacífica Foto: Francisco Olvera

Decenas de miles de personas marcharon en la capital del país para conmemorar la masacre del 2 de octubre de 1968. El Zócalo de la ciudad de México fue abarrotado por estudiantes, amas de casa, empleados públicos e integrantes de organizaciones sociales que se movilizaron en dos contigentes: uno que partió del Museo Nacional de Antropología y otro de la Plaza de las Tres Culturas, en Tlatelolco.

Los contingentes avanzaron por Paseo de la Reforma y las avenidas Juárez y Madero, donde se vieron pancartas en las que los manifestantes demandaban el cese de la represión gubernamental contra los movimientos sociales, libertad para los presos políticos y, sobre todo, textos en los que exigían castigo para los responsables de la masacre ocurrida hace 40 años en Tlatelolco.

Se reconstruye aparato represivo

Durante el mitin en el Zócalo, Raúl Álvarez Garín, representante del Comité 68, advirtió que el gobierno de Felipe Calderón “está reconstruyendo el aparato de represión contra los movimientos sociales, como pasó en el caso Atenco”. Aseguró que “ya se alcanzaron acuerdos” entre Estados Unidos y nuestras autoridades “para decretar la suspensión de garantías en la frontera norte de México, porque están pensando que si hay un desplome de la economía nacional podría haber migraciones masivas hacia ese país, y para contenerlas se pretende que el Ejército se enfrente a mexicanos en territorio nacional”.

Las marchas se realizaron de manera pacífica. Sin embargo, grupos de jóvenes con el rostro cubierto con paliacates o máscaras antigases se infiltraron en el contingente que partió de Tlatelolco y provocaron desmanes en la avenida Madero, entre las calles de Palma e Isabel la Católica, causando daños a comercios y bancos de la zona.

Posteriormente esos mismos grupos protagonizaron conatos de enfrentamiento con los granaderos que resguardaban el antiguo Palacio del Ayuntamiento.

Algunos manifestantes portaban fotografías de Ignacio del Valle, dirigente del Frente de Pueblos en Defensa de la Tierra (FPDT), preso en el penal de máxima seguridad de El Altiplano desde mayo de 2006; también llevaban imágenes de Demetrio Vallejo y Valentín Campa, líderes ferrocarrileros encarcelados en 1959 después de que el gobierno reprimiera la huelga del gremio.

Las movilizaciones partieron aproximadamente a las tres de la tarde. El grupo que salió del Museo Nacional de Antropología fue encabezado por los padres de Lucía Morett, estudiante de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) que solicitó refugio a Nicaragua tras los ataques del ejército colombiano contra un campamento de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia ubicado en territorio de Ecuador.

Después se sumaron al contingente grupos de universitarios y estudiantes del Instituto Politécnico Nacional (IPN), que a lo largo de toda la marcha, además de los tradicionales goyas y huelúms, gritaban al unísono: “Poli-UNAM, unidos vencerán”.

Los integrantes de lo que fue el Consejo Nacional de Huelga (CNH), que aglutinó a la dirigencia del movimiento estudiantil de 1968, así como de las coaliciones de maestros e intelectuales, se tomaron del brazo y caminaron casi al final de ese contingente, pero eran los que recibían más aplausos de parte los observadores que formaron una fila que se extendió, al igual que el cordón policiaco, desde el museo hasta el Zócalo.

Raúl Álvarez Garín caminó al frente de la descubierta, organizando a los grupos que se sumaban a la marcha, siempre detrás de Mirtocleya González, la abanderada del 68. Atrás de ellos iban Fausto Trejo, Leopoldo Ayala, César Tirado, Pablo Gómez, Francisco Gallegos, Esmeralda Reynoso, Carlota Botey, Gastón Martínez, Ignacia Rodríguez, Enrique González Rojo y Eugenio Filloy, entre muchos más que dirigieron el movimiento estudiantil.

Caminaron por las calles del centro de la ciudad recordando la historia de 1968.

Antes del cruce de las avenidas Reforma y Florencia, en la Zona Rosa, se sumaron al grupo Carlos Monsiváis, Rolando Cordera y Gerardo Estrada.

Durante la movilización se repartió un documento titulado Proclama del Comité 68 en el 40 aniversario del 2 de octubre. En ese texto se menciona que “la masacre perpetrada en la Plaza de las Tres Culturas, hace 40 años, fue un crimen que se enmarca en una política de Estado que tuvo el propósito central de destruir un movimiento cuyas demandas –amparadas en la Constitución– expresaban el cuestionamiento y el rechazo al autoritarismo y a la represión gubernamental”.

El contingente que partió de Tlatelolco estuvo encabezado por habitantes del municipio de San Salvador Atenco, que demandan libertad para Ignacio del Valle y otros 12 integrantes del FPDT que aún están presos.

Sin embargo, la mayoría de los participantes en la movilización eran estudiantes del instituciones académicas del Distrito Federal y otras entidades. Este grupo gritó consignas contra la desaparición de la escuelas normales públicas, la reforma educativa, la Alianza por la Calidad de la Educación, Elba Esther Gordillo, la reforma energética y los aumentos en gasolinas y alimentos.

Aproximadamente a las 18 horas el contingente entró en la Plaza de la Constitución, donde se realizó un mitin. Entre los oradores participaron representantes del FPDT, la UNAM, la Universidad Autónoma Metropolitana, del magisterio disidente de Morelos, IPN, de la Escuela Nacional de Antropología e Historia y del Comité del 68.

Los maestros de Morelos recordaron que son ya 50 días que se mantienen en paro indefinido y advirtieron que no regresarán a impartir clases hasta anular la Alianza por la Calidad de la Educación. “Hoy decimos que este movimiento magisterial se ha convertido en un gran movimiento social; hoy decimos que en Morelos, como en el 2 de octubre, no daremos un paso atrás, porque se está depertando la conciencia de un pueblo, de toda una sociedad y de todos los trabajadores”.

Los estudiantes de la UNAM reiteraron su compromiso con la educación pública y popular, y afirmaron que “sólo con la organización independiente lograrán la expulsión definitiva de las organizaciones delictivas, como son los porros de la universidad”.

En ese sentido, cabe mencionar que cuando se desarrollaba el mitin, frente al antiguo Palacio del Ayuntamiento se presentaron conatos de enfrentamiento entre granaderos y jóvenes, lo que provocó que los oradores hicieran un llamado a “no caer en la provocación” y pidieron a los asistentes que formaran un cordón humano alrededor de la plancha del Zócalo para garantizar la seguridad y continuidad del acto.

El mitin concluyó sin que hubiera enfrentamientos directos con la policía, aunque las autoridades reportaron la detención de 20 jóvenes que participaron en los desmanes.

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■ Estudiantes alertaron sobre su presencia una semana antes

Provocadores infiltrados causan desmanes en marcha al Zócalo

Emir Olivares, Jaime Whaley, Mariana Norandi y Gustavo Castillo

Ampliar la imagen En el Zócalo, el relevo generacional En el Zócalo, el relevo generacional Foto: Jesús Villaseca

Ampliar la imagen Muestra solidaria, sobre el Paseo de la Reforma Muestra solidaria, sobre el Paseo de la Reforma Foto: José Carlo González

Jóvenes con el rostro cubierto con paliacates o máscaras antigás, con estrafalarios peinados o a rape, vestimenta oscura raída y botas de cuero estilo militar, aprovecharon la conmemoración de la matanza del 2 de octubre para causar desmanes en el Centro Histórico de la ciudad de México; rompieron vitrinas, destruyeron teléfonos públicos, realizaron pintas, saquearon comercios y agredieron a transeúntes, policías y representantes de medios de comunicación.

Semanas antes de la marcha, diferentes colectivos estudiantiles alertaron sobre la posible presencia de “porros y provocadores” en la manifestación anual, lo cual se dio; no es la primera vez, pues en años anteriores se han presentado hechos similares propiciados por la incursión de estos grupos.

La primera agresión se dio justo en el Centro Joyero de la avenida Madero, entre Isabel la Católica y Palma. Ahí, un numeroso grupo de jóvenes que cubrían sus rostros con paliacates rojos con la leyenda “2 de octubre no se olvida”, se infiltró en el contingente que marchó de Tlatelolco al Zócalo. Comenzaron a patear cortinas de los locales, rompieron vidrios y saquearon varias joyerías.

Se infiltran grupos porriles

Los contingentes estudiantiles que se percataron de los hechos los identificaron como “provocadores” e “integrantes de grupos porriles” del Instituto Politécnico Nacional, del Colegio de Ciencias y Humanidades (CCH) Vallejo, de la Escuela Nacional Preparatoria 9, de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) y de la organización Anarcos, esta última ligada más a grupos de choque que a jóvenes de la tribu urbana anarcopunk.

Con los ánimos caldeados, los agresores colocaron debajo de un teléfono público un cohetón de vara que lo hizo volar, le prendieron fuego y lo arrojaron contra la vidriera de una sucursal del banco Santander; además, destruyeron los cristales de una sucursal aledaña de Bancomer.

Arremetieron también contra camarógrafos y reporteros que seguían los hechos. Ante el caos, decenas de jóvenes corrieron a resguardarse, mientras los porros hacían pintas con aerosol.

Los granaderos se movilizaron para proteger ambos costados de Madero, lo cual causó desconcierto entre quienes participaban en forma pacífica, lo que ocasionó que se detuviera la marcha.

Ante la llegada de más elementos de seguridad, los agresores se dieron a la fuga, sin que nadie los siguiera.

Estos hechos propiciaron que los contingentes que venían detrás “cerraran filas”. Quienes los encabezaban pidieron no caer en provocaciones y que se formaran cadenas humanas para no dejar “ingresar a nadie extraño”.

Debido a esa acción no se presentaron incidentes durante 20 minutos. Sin embargo, desde lo alto de uno de los viejos edificios, entre la Plaza de la Constitución y Palma, alguien arrojó cubetadas de agua contra los manifestantes, lo cual fue pretexto para el inicio de una segunda escaramuza, que obligó a que los granaderos bloquearan el ingreso al Zócalo sobre la calle de Palma.

Al verse cercados, los “provocadores” agredieron a los elementos de seguridad. Otra vez salieron a relucir palos, cadenas, cohetones, piedras y boxers. Los policías se vieron sorprendidos ante la respuesta de los jóvenes, al grado que un uniformado trastabilló al bajar la banqueta y por no soltar su escudo cayó, lo que posibilitó que fuese pateado.

Mientras el mitin se celebraba frente a Palacio Nacional, y los contingentes terminaban de ingresar al Zócalo, policías vestidos de civil, conocidos como “indicadores”, detuvieron en la desembocadura de 20 de Noviembre a dos jóvenes que iban en el contingente de la Escuela Nacional de Ciencias Biológicas del IPN, y a punta de golpes los subieron a un vehículo Stratus gris sin placas.

A raíz de la detención, centenares de manifestantes exigieron a gritos “¡suéltenlos, suéltenlos!” y rodearon a los “indicadores” para forzar la liberación de sus compañeros.

Entonces los anarcos llamaron a la gente a agredir a los policías. Éstos respondieron, lo que provocó otro choque. Al ver este nuevo conato en la plancha del Zócalo, los contingentes formaron una cadena humana para impedir la infiltración de algún provocador.

Tras varios escarceos, los policías abrieron paso y permitieron el avance de los jóvenes hacia el Zócalo. Cuando muchos de ellos pasaban al lado del edificio del antiguo Palacio del Ayuntamiento, volvieron a arremeter contra los uniformados que resguardaban el lugar.

Ahí se dio el colofón de los ataques que duraron más de media hora. El contingente de granaderos fue insuficiente para contener a los agresores. Un hombre vestido de negro incitaba con un altavoz a la agresión: “Ellos son el enemigo, anarquía, hay que aplastarlos”. Funcionarios del GDF y colectivos estudiantiles señalaron que quienes iniciaron la gresca fueron integrantes de la Federación de Estudiantes de Naucalpan, agrupación porril del CCH Naucalpan y la Facultad de Estudios Superiores de Acatlán.

La zacapela duró varios minutos. Los policías formaron un doble escudo que fue insuficiente ante la cantidad de agresores. “Somos más, somos más”, gritaban antes de arremeter contra los uniformados.

Al verse superados en número, los policías fueron reforzados por otro contingente de elementos de a pie desarmados, quienes se sujetaron de los brazos y lograron contener a los agresores.

Cuando fueron reforzados, los granaderos corrieron tras algunos de los agresores, quienes emprendieron la huída por 16 de Septiembre y la plancha del Zócalo.

Los ánimos decrecieron cuando los jóvenes ya no vieron a los uniformados, que se replegaron sobre 20 de Noviembre y en los portales del edificio del gobierno capitalino.

Las autoridades informaron que fueron detenidas 20 personas, entre ellas 11 menores.

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■ Los chavos se adelantaron a los históricos; “déjenlos, no son carreras”, dicen los segundos

Muchachos y consignas de ayer y hoy en la marcha por los 40 años del 2 de octubre

■ El porrismo en la UNAM y el cacicazgo de Elba Esther Gordillo fueron elementos adicionales

Arturo Cano

Ampliar la imagen Con lentitud, la cadena humana se enfiló del Museo de Antropología al Zócalo capitalino Con lentitud, la cadena humana se enfiló del Museo de Antropología al Zócalo capitalino Foto: Carlos Ramos Mamahua

Ampliar la imagen Casi al concluir el mitin en la Plaza de la Constitución, varios individuos atacaron a los elementos de seguridad, cerca del antiguo Palacio del Ayuntamiento Casi al concluir el mitin en la Plaza de la Constitución, varios individuos atacaron a los elementos de seguridad, cerca del antiguo Palacio del Ayuntamiento Foto: Víctor Camacho

Ampliar la imagen En la Plaza de las Tres Culturas En la Plaza de las Tres Culturas Foto: Francisco Olvera

Con perdón de Pepe Alvarado, hay belleza y luz en las almas de estos muchachos vivos que, sin decir agua, toman la delantera sobre el Paseo de la Reforma y lanzan el primer grito de la tarde: “¡2 de octubre…!”

Los históricos no se mueven. “Que se adelanten, no es programa de carreras”, dice sin preocupación alguna Raúl Álvarez Garín, líder del movimiento de 1968, y también aquí, en las inmediaciones del Museo de Antropología, donde parte una de las marchas por los 40 años de la matanza de Tlatelolco.

“¡Aplaudan, aplaudan, no dejen de aplaudir, que el pinche gobierno se tiene que morir!”, gritan, tras los primeros pasos, los nietos del 68.

“Si se refieren al de Felipe Calderón, llegaron tarde”, dice un agudo observador, mientras se arma la descubierta de la marcha. Faltan muchos, pero están varios de los líderes del Consejo Nacional de Huelga, y algunos se impacientan porque los jóvenes se adelantan.

–¡Los chavos ya nos rebasaron! –dice un sesentayochero.

–¡Yo me voy con los chavos, aquí ya se anquilosaron! –grita otro.

La mayoría aguanta, en el arranque de las bromas que sellarán la tarde.

–Vámonos delante de los jóvenes, para que nos empujen –sugiere uno de los históricos.

–O para que nos levanten –previene otro.

Las bromas sobre los estragos del tiempo en “los muchachos del 68” son extensas y todos las toman a bien.

La misma abanderada

Avanzan los muchachos de ahora, siguen los muchachos de antes, en la descubierta que encabeza la abanderada, Mirtocleya González, quien lo fue también, dicen aquí, hace 40 años.

La flaca memoria o el tiempo que desdibuja los rostros conocidos sólo permiten enumerar a Félix Hernández Gamundi, Fausto Trejo, con sus 83 años, Pablo Gómez, Jesús Martín del Campo, Marcia Gutiérrez, Enrique González Rojo, Saúl Escobar.

Un tramo más adelante se incorpora el escritor Carlos Monsiváis, flanqueado por Rolando Cordera y Gerardo Estrada. Se suma brevemente a la descubierta, bajo la manta principal: “2008. Por la verdad y la justicia, contra la impunidad, la lucha sigue, sigue…”

Delante de la fila de dirigentes marcha, en su descubierta de un solo hombre, Raúl Álvarez Garín, según muchos el más avezado dirigente de hace 40 años.

–¿Y él por qué va solo? –pregunta alguien.

–Se lo merece, es el más terco –dice, a manera de elogio, el historiador Francisco Pérez Arce.

Y ahí va Álvarez Garín repite y repite que la terquedad suya y de otros ya logró “darle la vuelta” a la idea de cerrar para siempre el capítulo del 68.

El abismo generacional

Los históricos quedan a la cola. Los gritos de “fuera porros de la Universidad Nacional”, aderezados de goyas y huelums, subrayan el abismo generacional, pero no tanto como las consignas frente a la embajada de Estados Unidos. Los viejos gritan: “¡Cuba sí, yanquis no!”, en tanto que los jóvenes resumen: “¡Culeeeros!”

Pese a las bromas, algunos históricos tienen más que chisguete de voz para traer de vuelta las consignas de antaño. “Che, Che, Guevara, LEA, LEA a la chingada!”, gritan (claro, por las iniciales del ex presidente Luis Echeverría Álvarez).

En medio de esas viejas consignas reparte autógrafos, se toma fotos y ofrece declaraciones de calle, Carlos Monsiváis, quien destaca la cobertura mediática de la conmemoración y define las consecuencias del movimiento de 68 como un triunfo vigente, no como un triunfo póstumo de quienes enfrentaron el autoritarismo del régimen.

“Ho Ho Ho Chi Minh/ LEA, LEA, chin chin chin”, siguen los viejos gritos.

El recordatorio perdura y se extiende a las nuevas generaciones. Cuando se nombra a Echeverría, truena la voz una joven mujer: “¡Ya te esperan los gusanos, cabrón!”

Las consignas también se actualizan para la coyuntura: “Calderón y Echeverría son la misma porquería”, se corea aquí y allá. Y más. Un joven reparte un volante con iconos del 68 y una nueva consigna: “News Divine tampoco se olvida”

La marcha camina con lentitud, y no por la mermada movilidad de los históricos, sino porque confluye con los contingentes que partieron de otros puntos.

La división es de siempre en esta fecha. En esta ocasión hubo un argumento nuevo, según cuenta Adriana Corona, representante de la Prepa 6 ante el Consejo Nacional de Huelga en 1968. Dice que los líderes de varias escuelas se negaron a marchar por Paseo de la Reforma aduciendo que “es la ruta de López Obrador”.

Igual se encuentran algunas columnas en el cruce de Reforma y Bucareli; otras más allá, frente al Palacio de Bellas Artes.

Frente a la torre del Caballito hacen su aparición los maestros de Puebla, varios miles echados a la calle por las declaraciones y la firma de la dirigente a la que dedican la mayor parte de sus gritos: “Sacaremos a Elba Esther del sindicato”.

Las 18:10...

A esa hora, en el cruce de Juárez y Balderas se solicita un minuto de silencio. Los puños en alto, las caras serias sólo en ese momento solemne. Al fondo, el barullo de los poblanos.

“¡2 de octubre… no se olvida!”, se grita varias veces tras el recordatorio de la bengala que anunció la muerte.

Jesús Martín del Campo pasa lista de algunos de los ausentes, en primer lugar José Revueltas y Heberto Castillo. “¡Presente!”, gritan los demás. “Mártires de Tlatelolco. ¡Presentes!”

–Adelante hay una provocación –se informa por el megáfono, cuando ya se han armado los catorrazos en las calles del centro. Los provocadores se llevarán “la nota”, pese a que la mayoría de los muchachos marcharon con ganas, con ánimo festivo, gritando las consignas de sus padres y sus abuelos y corriendo libres por las calles de su ciudad.

¿Hay más ropa negra que mezclilla? Hay de todos los colores en estos muchachos que gritan los gritos de ayer y se esfuerzan en alguna, escasa, renovación. Pasan frente a un grupo de granaderos: “Hay que estudiar, hay que estudiar, el que no estudie a policía va a llegar”.

Y se siguen bailoteando: “Hay que leer, hay que leer, pa’que el gobierno no nos venga a joder”.

Pocas calles antes de llegar al Zócalo, los vándalos de “la nota” la emprenden contra algunos comercios. La mayor parte de los estudiantes se abre, quiere alejarse. A los primeros golpes, los de las prepas gritan: “¡Fuera porros de la UNAM!”

Apretujados, haciéndose bolita para protegerse unos a otros, se inventan otro grito: “¡No hagan violencia, eso no es protesta!” Llegan al Zócalo un tanto escamados. “Ya ni gritamos al entrar”, dice una alumna de la Preparatoria 6.

En la plaza, el sonido es malo. El escenario lo dominan algunos estudiantes de la Prepa Popular y de Chapingo. Sólo adelante, cerca del Palacio Nacional, reciben atención consignas entre ecológicas y agraristas, como “el campo es vida, el pueblo no lo olvida”.

En el otro extremo de la plaza, una incursión de los granaderos provoca una nueva escaramuza. Vuelan botellas y palos. Decenas de estudiantes piden calma, gritan su rechazo a la “provocación”, hacen una valla, tomados de las manos, para separar a los granaderos de algunos jóvenes encapuchados que, armados de garrotes, la quieren seguir. La mayoría son mujeres que no pasan de los 20. Los encapuchados les hacen señas obscenas y luego se van.

Las muchachas se van a la plaza, se sientan en el suelo, conversan, leen sus mensajes de celular. Era la conmemoración de sus padres o abuelos y ya es suya, sobre todo cuando se sientan alrededor de una enorme manta negra con letras blancas que dice: “Ni perdón ni olvido”.

Poco después entran los históricos, y jóvenes y viejos aplauden su carrera de resistencia.

■ Fue presentado por Carlos Payán Velver, Carlos Monsiváis y Raúl Álvarez Garín

El 68, historia de una derrota transmutada en victoria ética, plantea libro de Pablo Gómez

Rosa Elvira Vargas

Ampliar la imagen Fausto Trejo, Carlos Payán, Carlos Monsiváis, Pablo Gómez y Carmen Aristegui, en el Centro Cultural Tlatelolco Fausto Trejo, Carlos Payán, Carlos Monsiváis, Pablo Gómez y Carmen Aristegui, en el Centro Cultural Tlatelolco Foto: José Carlo González

Como era su intención, Pablo Gómez logró provocar a la concurrencia que acudió el miércoles al Centro Cultural Tlatelolco a la presentación de su libro 1968, la historia también está hecha de derrotas.

Sin embargo, y por tratarse de una crónica elaborada a partir de los archivos de Gobernación, para Carlos Payán Velver y Carlos Monsiváis, dos de los comentaristas de la obra, gran parte de su mérito está en el hecho de que en ese material no existen órdenes o confesiones (del gobierno), sino el testimonio de quienes fueron las víctimas del movimiento estudiantil.

Esto, porque como apunta el autor en el prólogo, “somos no-sotros quienes estamos en ese archivo: la gente del pueblo que nos apoyaba, los volantes que repartíamos, los letreros que pintábamos, los discursos que pronunciábamos, las defensas que emprendíamos y las represalias que tomábamos… No existen, sin embargo, los reportes del 2 de octubre, cuidadosamente eliminados del archivo”.

Para Monsiváis, sería necesario añadir a lo anterior que ese “nosotros” de los expedientes de Bucareli fue “difamado, calumniado y absolutamente tergiversado”. Informativamente, el libro de Gómez, añadió el escritor de Días de guardar, es de una riqueza notable. Recupera o precisa, o trae a luz por vez primera, episodios muy significativos.

Pero el punto del debate por el término de “derrotas” en el título no satisfizo al numeroso público que se presentó a la cita. Y a la pregunta de Carmen Aristegui, de si debía considerarse al movimiento estudiantil del 68 como una derrota, decenas de brazos con la “v” de la victoria se alzaron espontáneos para negarlo.

Gómez Álvarez –a quien acompañaron también algunos senadores, ex dirigentes del 68 y líderes del PRD– indicó que él no habla en el libro de “derrota para siempre”, ni utiliza el término como sinónimo de fracaso, pero Monsiváis pidió definir tanto el fracaso como la victoria.

El 68, resaltó, “es la gran memoria histórica de México en la segunda mitad del siglo XX”. Ha probado que no fue un antecedente, “es un presente perpetuo mientras no exista la posibilidad de darle fin a la impunidad tan bendecida por el Poder Judicial entonces y por el Poder Legislativo”. Estableció que negar frente a la derrota aplastante la victoria ética y moral en el 68, “es borrar la dimensión de las hazañas que Gómez narra”.

Para Carlos Payán, se trata de una saga maravillosa. Con este libro se aprende, “aunque ya se supiera, que aquellos jóvenes eran los mejores del mundo”, apuntó el ex director de La Jornada.

Raúl Álvarez Garín, ex líder estudiantil en 1968, indicó a su vez que estos materiales ayudan a examinar las cosas con toda propiedad. Hacerlo, pidió entonces, con la divisa de la honestidad intelectual. “De repente Sócrates Amado (Campos Lemus) es el responsable de todas las tragedias y desgracias, y se dicen una gran cantidad de cosas acerca de él. Yo en mi experiencia no las comparto, sino que además me parecen absolutamente inventadas”, señaló como ejemplo de cómo debe abordarse el análisis de aquel año.

El paso de la marcha de CU al zócalo por el bulevar denominado Díaz Ordaz

Desde la mañana hasta la noche y con diversas expresiones se conmemoró el 2 de octubre



Martin Hernandez Alcantara

Hay quienes dicen que el 2 de octubre ha pasado a ser una fecha más en el anecdotario de las desgracias nacionales y que no tiene repercusiones en la memoria colectiva. Pero la diversidad de actos con los que muchos grupos de la sociedad civil poblana recordaron la matanza de Tlatelolco, indica que persiste la exigencia de castigo a los asesinos, que son vigentes las demandas de democracia expresadas hace 40 años, porque no han sido satisfechas, y que hay un ejército de jóvenes que no se resignan al estado de cosas que impera en el país.

Desde la mañana y hasta la noche hubo manifestaciones distintas para conmemorar la masacre de la Plaza de las Tres Culturas. Los protagonistas fueron, como cada año, estudiantes y maestros de la Universidad Autónoma de Puebla, aunque en esta ocasión también hubo un acto oficial, institucional, a cargo de la rectoría de al máxima casa de estudios.

La jornada inició con una marcha que tuvo dos puntos de partida: el mercado Hidalgo, de donde partió el contingente más numeroso –mil 200 personas, aproximadamente, según los cálculos gubernamentales– conformado por militantes de la Unión Popular de Vendedores y Ambulantes 28 de Octubre y otras organizaciones afines; y Ciudad Universitaria, de donde salieron al rededor de 500 universitarios, en su mayoría estudiantes, que fueron los más entusiastas.

Escoltados por algunas patrullas y motociclistas de Seguridad Vial, los jóvenes avanzaron por las calles de Jardines de San Manuel y Zona Dorada, clamaron algunas de las consignas clásicas del movimiento: “¡educación primero, al hijo del obrero, educación después al hijo del burgués!”, pero también hicieron reclamos sobre realidades que se han agravado al paso de los años. Por ejemplo, cuando pasaban frente a negocios de franquicias como las tiendas Oxxo, las concesionarias de autos como Nissan, Volkswagen y General Motors, así como sucursales de bancos BBVA Bancomer y Santander, espontáneamente se escuchaba “¡Esos son, esos son los que chingan la nación!”, clamor que hacían señalando con sus dedos los edificios de esas empresas.

Mientras eso sucedía, un pequeño contingente de la Coordinadora de Redes Ciudadanas que se encontraba en la intersección de Calle del Ejido y el bulevar Gustavo Díaz Ordaz, improvisaron una ceremonia para defenestrar al presidente acusado de genocidio. Sobre el mobiliario urbano que sirve para la señalización, taparon el nombre oficial de la rúa con calcomanías que decía: “Bulevar Mártires de 1968”.

Los de la Coordinadora se unieron a los estudiantes que venían de CU y juntos se enfilaron hacia Plaza Dorada. Frente a ese centro comercial, los jóvenes dieron una muestra de su experiencia en las manifestaciones públicas. Quienes iban al frente de la columna indicaron con los altavoces hacer “un ocho”: en pocos segundos el contingente se agachó por completo y esperó el conteo: al llegar al ocho, todos arrancaron a correr y a esa velocidad tomaron el bulevar Héroes del Cinco de Mayo.

Orientación vial

Orientados por los uniformados, entraron al carril central de la vía. Frente al Centro Escolar, algunos estudiantes de la preparatoria del Centro Escolar Niños Héroes de Chapultepec sacaron sus celulares para tomar fotos y videos de los marchistas. Desde el carril de baja velocidad hubo automovilistas que insultaron a los muchachos: “¡huevones!, ¡pónganse a trabajar!, ¡chamacos pendejos!”, les dijeron, pero también otros los saludaban con el claxon, levantando el pulgar o haciendo el ademán de la victoria.

Al filo de la 19 Oriente, el contingente dejó de tener la protección que les brindaban los oficiales de Seguridad Vial que bloqueaban el tránsito de las calles por las que pasaban. Los pocos adultos que iban al frente de la marcha, se vieron entonces obligados a interponer su cuerpo para bloquear el tráfico.

En la intersección del bulevar 5 de mayo y la 11 Oriente, hubo un accidente provocado por la desesperación de un conductor que quiso ganar el paso al contingente y terminó colisionando su unidad con otra. El incidente no pasó a mayores.

Originalmente los muchachos habían planeado dar la vuelta en la rotonda que está casi en frente del Puente de Analco, para ingresar al zócalo por el callejón de Psicología, que se ubica en la 3 oriente, pero una patrulla les cerró el paso y los obligó a entrar a la Plaza de Armas por la avenida Juan de Palafox y Mendoza, en sentido contrario a la circulación vial.

Una anciana que se encontraba a fuera de la iglesia de San Roque, al ver que las patrullas venían abriendo paso a la columna, le reclamó a un agente: “¡Cómo vienen escoltando a estos revoltosos y metiendo los coches en sentido contrario, ya ni chingan!”, furioso, el servidor público reviró: “¡Señora, no ve usted lo que venimos haciendo, tenemos que traer la marcha por acá y sacarla para allá!”.

No se sabe si los jóvenes tenían o no la intención de pasar frente al Edificio Carolino, sede de la rectoría, pero aprovecharon bien la oportunidad que les brindó el cambio de ruta, pues conforme se iban acercando al inmueble que alberga las oficinas principales de la administración central de la Universidad Autónoma de Puebla, empezaron a gritar: “¡Marín y Agüera, la misma chingadera!”.

La marcha se paró frente a la iglesia de La Compañía de Jesús y entonces hubo arengas en contra de la “banalización de la universidad”, que ha perdido su sentido, “crítico, democrático, humanista y popular”.

Los muchachos volvieron a hacer un “ocho” para llegar al zócalo, donde ya los esperaba el contingente mayor. Ahí, pasadas las 13:30 horas inició un mitin en el que los oradores exigieron castigo a los culpables de la masacre del 2 de octubre, pero recordaron que también ha habido en el país otras matanzas impunes, como la de Aguas Blancas y El Charco, así como infamias como las represiones contra los campesinos de Atenco y los integrantes de la Asociación Popular de Pueblos de Oaxaca.

Hubo quema de efigies de Díaz Ordaz y del gobernador Mario Marín Torres.

Otras conmemoraciones

Minutos antes, en el Edificio Carolino, el rector de la UAP, Enrique Agüera Ibáñez, quien, acompañado de autoridades y universitarios que participaron en las movilizaciones del 68, develó una placa conmemorativa, presentó un libro sobre el movimiento e inauguró unas jornadas de reflexión sobre el tema.

Paralelamente, el callejón de psicología tuvo actividad todo el día. Por la mañana hubo un encuentro de artistas plásticos que pintaron mantas y lienzos; al mediodía se preson grupos musicales y en la tarde se organizó una mesa de reflexión por parte del Nodo de Derechos Humanos y por los integrantes de La otra campaña.

Las actividades culminaron en el zócalo de la Angelópolis, donde varios ciudadanos depositaron veladoras encendidas para recordar a los caídos en la Plaza de las Tres Culturas.


Continúa el paro de labores en el SNTE de Huauchinango



Martín Hernández Alcántara

El paro de labores escolares iniciado el miércoles pasado en varias regiones de la entidad continuó ayer en la de Huauchinango, donde según reportes de la Coordinadora Regional de Desarrollo Educativo Número 1 fueron al menos 3 mil 500 los profesores que no impartieron clases en 556 escuelas, por lo que unos 80 mil alumnos no tomaron clases.

La protesta es parte de la estrategia que tiene el Consejo Magisterial de Lucha para oponerse a la Alianza por la Calidad Educativa que impulsa el gobierno federal encabezado por el panista Felipe Calderón con ayuda de la dirigencia del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación (SNTE), presidido por Elba Esther Gordillo Morales.

El mayor número de centros escolares en paro, según reportes de las autoridades educativas en aquella región, se ubica en los municipios de Huauchinango, Xicotepec de Juárez y Honey.

El Consejo Magisterial de Lucha planea proseguir hoy con la suspensión de actividades y llevar a cabo paros escalonados a partir de la semana entrante.

Las regiones de Huauchinango, Teziutlán, Libres, Tepeaca e Izúcar de Matamoros están identificadas como las de mayor influencia para el Consejo, que inició protestas en agosto pasado y una de cuyas demandas principales es la destitución de Elba Esther Gordillo Morales como presidente del Comité Ejecutivo Nacional del SNTE.

También repudian las reformas a la ley del Instituto de Seguridad y Servicios Sociales de los Trabajadores del Estado que, entre otras cosas, elevó la edad para jubilación de los empleados del sistema público.

El miércoles pasado, miles de profesores de las secciones 23 y 51 del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación suspendieron en escuelas de todo el territorio poblano, principalmente en las regiones de Huauchinango y Teziutlán –ubicadas en la Sierra Norte– y en la de Izúcar de Matamoros, perteneciente a la Sierra Mixteca.

Los mentores se manifestaron en contra de las pruebas de la Alianza, argumentando que no tienen propósitos definidos y son discriminatorias.

Gilberto López y Rivas

A 40 años: ¡2 de octubre no se olvida!

El día de ayer se recordó la masacre que el gobierno mexicano llevó a cabo hace cuatro décadas en la Plaza de las Tres Culturas de Tlatelolco para terminar abruptamente el Movimiento Estudiantil-Popular de 1968. Este ha sido uno de los crímenes de Estado más aterradores que se registran en la historia del México contemporáneo. El ataque contra una multitud pacífica e indefensa se realizó con todos los agravantes de ley: premeditación, alevosía y ventaja, y en él participaron como autores materiales el Ejército en uniforme y sin uniforme, esto es, el grupo paramilitar denominado Batallón Olimpia, y los francotiradores apostados en las azoteas de los edificios próximos, los diversos cuerpos policiacos y de inteligencia de la época. Los autores intelectuales más señalados son el ex presidente de la República Gustavo Díaz Ordaz; su secretario de Gobernación, Luis Echeverría Álvarez; los mandos militares de la Secretaría de la Defensa Nacional (Sedena) y el Estado Mayor Presidencial, así como diversos altos funcionarios de la policía y del entonces Departamento del Distrito Federal. Ninguno de los responsables materiales e intelectuales ha sido castigado por ese delito de lesa humanidad, por lo que a 40 años priva la impunidad. Este acontecimiento cimbró para siempre a una generación que guarda en su memoria una lección indeleble: la clase en el poder recurre al uso de la violencia genocida si considera amenazados sus intereses y privilegios.

El movimiento de 1968 es la culminación de una década de intensas luchas populares que se inició a partir de la represión de la huelga ferrocarrilera de 1959; el asesinato de Rubén Jaramillo, en 1962; el activismo del Movimiento Revolucionario del Magisterio; los movimientos huelguísticos de los telegrafistas y los médicos, y las acciones de una franja importante de grupos que optaban por la lucha armada bajo la influencia del triunfo de la Revolución Cubana. La década de los 60 es una fragua de acciones, debates, acontecimientos que ponen en el centro la posibilidad de la revolución: recordemos que en estos años la comprensión equívoca de la experiencia cubana deriva en muchos casos en un foquismo esquemático y tiene amplias repercusiones que culminan con el apresamiento y asesinato de Ernesto Che Guevara en la Bolivia de 1967. El subcontinente latinoamericano era un rosario de movimientos guerrilleros y de grupos armados en preparación a los que no escapa México. La discusión sobre el reformismo de los partidos comunistas tradicionales se “subsanaba” en muchos países con grupos clandestinos que tenían como meta la acción armada.

El movimiento estudiantil tomó a los militantes profesionales de esas organizaciones revolucionarias por sorpresa, dado que sus perspectivas apuntaban a sectores “estratégicos”: la clase obrera, y como aliado “secundario”, el campesinado. Los estudiantes, aunque constituían una de las fuentes importantes de reclutamiento de esos organismos, no eran apreciados como un sujeto revolucionario capaz de impulsar un proceso de la envergadura del que se inició el 26 de julio de 1968, a raíz de una violenta represión policiaca a la manifestación de apoyo a la Cuba revolucionaria en esa fecha significativa.

Antes de estallar el movimiento, las llamadas “sociedades de alumnos” eran una forma organizativa muy común entre el estudiantado, aun en aquellos centros educativos con hegemonía de la izquierda. El movimiento tornó obsoletas esas estructuras que en algunos casos eran utilizadas por el partido oficial para la cooptación de dirigentes estudiantiles, surgiendo en su lugar los comités de lucha nombrados en asambleas generales, cuyos delegados integrarían el Consejo Nacional de Huelga, una forma democrática de organización que funcionó hasta el final sorpresivo del movimiento.

El 68 se caracterizó por sus grandes y combativas marchas: las de agosto y septiembre, la del silencio, la de las antorchas; se recuerda por la generosidad, alegría, irreverencia e imaginación de esa generación marcada por un movimiento que le dio una señal de identidad. Este movimiento se integró principalmente por estudiantes y profesores (pero también por padres y madres solidarios) de las distintas escuelas y facultades de la UNAM, el Politécnico, la Escuela Nacional de Antropología e Historia, aunque se sumaron rápidamente alumnos de la educación media y superior de escuelas y universidades de diversas procedencias sociales, e incluyeron a no pocos estudiantes de centros universitarios privados incorporados a las brigadas de información y propaganda que recorrían la ciudad y constituyeron un efectivo medio de comunicación que se enfrentó con éxito a los grandes medios controlados por el gobierno.

El 68 fue un acontecimiento histórico de gran magnitud que impactó a grandes sectores sociales mediante los jóvenes estudiantes, quienes como nunca sintieron el cariño popular no sólo en la ciudad de México y sus alrededores, sino en todos los estados donde el movimiento se expandió. Se demandaban mínimas libertades democráticas, la libertad de los presos políticos y el fin de un régimen autoritario por parte de un Estado que nunca estuvo dispuesto a resolver el conflicto. Se llegó hasta el final trágico decidido por el poder, hasta Tlatelolco, donde se aprendió la significación de la dignidad y la lucha que no claudican y que fructifican hasta nuestros días.

Siempre recordaré, en ese día fatídico, a una mujer imperturbable y erguida en medio de las balas, los gritos de los heridos y la angustia de la gente que frenéticamente buscaba protegerse; ella levantó lentamente sus brazos, haciendo con sus dedos la señal de la V de la victoria que el movimiento adoptó, mientras la plaza se llenaba de muerte, dolor y luto.